Quien te enfada, te domina: Sobre la necesidad del enfrentamiento

Hoy lo pensaba, le daba vueltas porque tengo cerca a personas con esta problemática, la he vivido de cerca.

Ya sea por una infancia complicada, o un padre demasiado severo, o cualquier otro problema raíz, hay muchísima gente desconfiada de los demás, que tiene la necesidad imperiosa y continua de enfrentarse con casi todos.

Una mala mirada o una mala palabra son suficientes para comenzar una guerra más o menos extensa contra un vecino o un compañero. Al final el problema es el mismo, el orgullo y la inseguridad.

QUIEN TE ENFADA, TE DOMINA, PERO NADIE QUIERE EN VERDAD ENFADARSE

Porque al final todos anhelamos ser felices, absolutamente todos, sólo que muchos a veces confundimos el camino hacia la felicidad.

A nadie le gusta enfadarse, en el enfrentamiento hay nervios, ansiedad, enfado, frustración, malos deseos… Nadie sonríe tranquilo en mitad de un enfrentamiento, ni nosotros ni nuestros ¨enemigos¨.

EL PROBLEMA RAÍZ, LA CAUSA DE TODO ENFRENTAMIENTO

Nosotros parecemos ser el objetivo de un mal vecino, pero para él, dentro de su visión más o menos deformada, lo es él. Hay que preguntarse cuál es el problema raíz.

Pongamos un ejemplo, tuve un vecino que llegadas las once y media de la noche golpeaba la pared de su dormitorio (que era la de mi salón) y gritaba como un Neandertal. Un vecino muy muy problemático y con arranques nocturnos violentos.

¿El problema raíz? Era un hombre mayor, con gran sobrepeso que le hacía sufrir de continuo pero aún más cuando se averiaba (con frecuencia) el ascensor del edificio, trabajaba durante muchas horas lloviese o hiciese sol en un trabajo poco agradecido, tanto él como su mujer tenían muy pocas visitas sociales, no se les veía comiendo, tomando algo o paseando por ahí, y bueno, al final este vecino llevaba una vida algo complicada.

Nadie es responsable, sólo él, pero aún así su mala leche es lógica.

Si analizamos los problemas raíz, tanto nuestros como de los demás vemos que todo puede ser más o menos lógico 🙂

LA SOLUCIÓN PASA POR LA AUTOESTIMA Y LA EMPATÍA

Trabajar por un lado la autoestima, no el egocentrismo donde todos somos los mejores, sino el sentimiento de que somos buenos en las distintas cosas que nos importan y que nuestro camino es único.

Si conseguimos una buena autoestima no nos convertiremos en el ¨enemigo¨ tóxico de los demás.

La empatía por su parte nos ayuda a vislumbrar el problema raíz en nuestros ¨enemigos¨ que dejarán en ese momento de ser ¨enemigos¨ para ser un problema a solucionar, sin más. Porque no se trata de aceptar y tragar cualquier cosa, hablamos de enfrentarnos al problema sin odio ni tampoco inquina.

EL CAMINO ES COMPLICADO, Y ADEMÁS HAY DISPARADORES

Un disparador es una situación que desencadena el enfrentamiento, puede ser cualquier cosa, un sentimiento que nos ponga en jaque, una manía cualquiera que tenga alguien, un partido de fútbol…. Cualquier cosa que desencadene en la búsqueda del enfrentamiento.

Es complicado conseguir una alta autoestima y además una muy buena empatía, porque si fuera fácil no existirían guerras, terrorismo, opresión. Pero es algo que debemos trabajar.

Sobre el propio enfrentamiento frente a los disparadores del enfrentamiento (gran redundancia), debemos ser conscientes de nuestro límite.

Hay una enseñanza budista muy buena sobre esto…

Cuando el meditador es principiante se recluye en la cueva.

Cuando tiene ya cierta experiencia se pone a prueba entre las personas de una ciudad.

Y cuando es un maestro meditador acude a los lugares más conflictivos.

Con los disparadores pasaría un poco lo mismo, podemos evitarlos hasta que nos sintamos fuertes, y una vez tengamos cierta seguridad y camino hacerles frente.

Dicen que quien te enfada te domina, pero realmente es el propio enfado el único que domina 🙂

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