El miedo al que dirán los demás

Reza un cuento popular que leí en una compilación de Ramiro Calle, que en la India caminaban por un sendero un anciano, un niño y un burro, los tres caminaban uno al lado del otro.

Cuando pasaron junto a un pueblo todos empezaron a reírse de ellos, mirad tienen un burro y van andando…

Así que el anciano se subió al burro.

Cuando pasaron junto a un segundo pueblo todos empezaron a criticarlos duramente, mirad al viejo, deja que el niño vaya andando y él tan cómodo en el burro…

Así que el anciano bajó y el niño se subió al burro.

Cuando pasaron por un tercer pueblo todos empezaron a criticarlos de nuevo, mirad al pobre anciano caminando, y el niño tan joven y sano subido al burro.

Así que ambos se bajaron del burro e indecisos, antes de pasar por un cuarto pueblo, cargaron al burro a cuestas entre el anciano y el niño.

La gente del último pueblo comenzó a reírse de ellos, igual que la gente del primero, mirad, llevan a cuestas al burro en vez de subirse en él.

Y entre tantas risas el burro se revolvió cayendo falto de equilibrio por un precipicio, y muriendo en el acto.

El qué dirán los demás puede producirnos un miedo injustificado en el presente pero que bien podría estar justificado en el pasado. Y me explico…

Leí hace poco en un libro de Psicología escrito por el académico Robert Wright, que antiguamente nuestra sociedad estaba basada en recolectores / cazadores, y todos vivíamos muy cerca de todo nuestro círculo de recolectores / cazadores. La opinión de los demás sobre nuestra actitud, nuestras capacidades o nuestra previsibilidad marcaba la diferencia entre nuestras buenas o malas relaciones, y las malas relaciones en aquellos tiempos primitivos eran una condena a no encontrar pareja o a morir de hambre.

Ahí estaba bien justificado el miedo al qué dirán… ¿Pero y actualmente?

Ésta es una muy buena reflexión, yo vivo en un pueblo pequeño pero provengo de una ciudad de tamaño medio donde casi no conocía a los vecinos, aquí se conoce prácticamente todo el mundo, y sí, hay crítica, algunas más inocentes y otras más duras, y a veces por un tema de entorno social puede ser complicado resistir la tentación de unirse a la cacería verbal.

Independientemente de esto, a mí por suerte ya no me afectan, o al menos si lo hacen es de forma muy sutil e imperceptible, las críticas de los demás. Aunque he tenido rachas la verdad.

No es que últimamente tenga una armadura invisible es que la mayoría de personas que pueden criticarme literalmente me importan un huevo, no quiero que se me malinterprete, espero de corazón que todos puedan ser felices y que no les ocurra ninguna desgracia, pero no son ni mis amigos, ni mi familia, ni mis clientes, ni ningún tipo de persona que tenga una implicación directa con mi vida y mi día a día.

Es como cuando conducimos con tráfico y acabamos tocados al orgullo por un adelantamiento o un grito del conductor de al lado, una persona que con la mayor probabilidad no volveremos a ver, puede que nos piquemos con él y consigamos un momento fugaz de euforia y satisfacción, pero a la hora y media ni nosotros nos acordaremos, ni él tampoco. Es un sinsentido.

La verdad, es que hagamos lo que hagamos siempre nos van a criticar, no podemos gustar a todo el mundo, ni tenemos el porqué tampoco.

Si reflexionamos sobre lo que dice Robert Wright sobre por qué tenemos ese miedo al qué dirán los demás, de dónde viene, y la falta de coherencia en la sociedad actual, quizá superemos poco a poco el miedo y ganemos en independencia emocional 🙂

También ayuda y mucho contar con unos valores fuertes y una filosofía definida, porque entonces tenemos mucho más claro lo que somos, lo que hacemos y el humo en las malas palabras del resto de personas.

¿Qué opinas tú? Me interesa mucho conocer todas las opiniones, situaciones, y pasos para mejorar en este miedo. Por favor, cuéntalo en Comentarios 🙂

Por cierto, la compilación de cuentos que comenté al principio se llama 101 Cuentos clásicos de la India y se lee en unas horas, está muy bien.

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