Cuando tienes Miedo a Viajar

Últimamente en varias conversaciones de café, me he dado cuenta de la cantidad de personas que tienen miedo a viajar solas. Sueñan con la idea, pero la dejan sólo en el sueño.

No tengo la solución perfecta para ellas, la que les haga clic en la cabeza y les cure ese temor, pero voy a contar un poquito mi experiencia con este miedo, y qué me aportó enfrentarlo y vencerlo.

El principal problema es el de siempre, salir de la zona de confort. ¿Cómo emprendo el camino? ¿Qué me encontraré? ¿Cómo reaccionaré? ¿Qué pasará?

Preguntamos demasiado, y al no tener respuestas porque es una situación que nunca hemos enfrentado, la posponemos infinitamente.

Hace muchos años yo pasaba una mala racha con ansiedad y estrés a todo lo que se saliese de mi zona de confort, era muy joven, pero los acontecimientos llegaron uno tras otro de forma rápida y los fui abarcando como llegaban, me independicé, fundé mi primera empresa y empecé a moverme cada mes en tren durante una semana, durmiendo en hoteles y tirando de taxis. La zona de confort se hizo más grande y la ansiedad despareció para siempre.

No lo pensé mucho, hice lo que me apeteció conforme llegaban las distintas situaciones sin pararme a pensar mucho. El hecho de pensar mucho queda muy bien, queda muy reflexivo, muy de sabio, pero casi siempre es la gasolina del miedo.

Tampoco hay que ir por la vida sin pensar, a lo loco 🙂 con todo esto quiero decir que los miedos de frente, sin mucha reflexión. Al menos a mí es lo que me funcionó.

Una de las mejores etapas a nivel crecimiento personal fue sin duda mi vida en Francia, donde estuve pasando unos años, recorriéndola de norte a sur.

Fui por amor no por trabajo, y no hablaba absolutamente nada del idioma, y lo complicado del tema era que mi antigua pareja trabajaba mucho y al final yo pasaba la mayor parte del día sólo. Pero pasé un poco de hambre el primer día, el segundo aprendí a pedir un Kebab tal y como me gustaba, y el tercero o el cuarto me arranqué con distintos platos.

Tardé en defenderme en francés porque me era complicado integrarme en círculos sociales o hacer amistades autóctonas, los círculos que frecuentábamos eran de españoles residentes por trabajo. Pero en realidad no hubo mayor problema.

Y aquí está el tema principal de todo esto, da igual si vas a Francia, a Portugal o a Japón, la gente en su mayoría es principalmente buena, y si tienes un problema alguien te ayudará, y si tienes hambre en cualquier restaurante o puesto de comida te harás entender, y si tienes sueño también.

Ahora el mundo no es más pequeño como comúnmente se dice, porque sigue siendo enorme, pero sí es más abarcable, y aunque es cierto que saber inglés facilita y mucho el camino en casi cualquier rincón del planeta, no hay un problema real por no saberlo, sólo vamos a perder un poco más de tiempo en hacernos entender 🙂

La recompensa por lanzarnos al vacío y coger un avión o un tren es enorme, es romper una barrera que aunque parece de ladrillo es de cristal fino, y una vez la rompamos conoceremos lo que realmente es ser libre, capaz de ir a cualquier parte sin que nadie tenga que acompañarnos, descubrir no sólo el mundo que hay ahí fuera, sino también el que llevamos dentro de nosotros.

No lo pienses mucho, el miedo a viajar sola es sólo eso, un miedo, rómpelo y disfruta de lo nuevo:

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