¿Existe el Destino? ¿Está todo predestinado?

Quién sabe… ¿Verdad?

Normalmente en Occidente tenemos dos visiones enfrentadas y totalmente radicales. Una es la que reza que todo está predestinado, todos nacemos con la vida y la muerte escritas en un papel, y otra visión que defiende que no hay nada místico o transcendental detrás, y que todo es una suerte de casualidades y decisiones que nos hacen vivir sin un rumbo establecido.

Quizá las dos tengan razón…

Una visión del Destino más Oriental conjuga ambas posturas y establece un punto medio. Un Destino cambiante en base a las acciones del pasado y del presente, basado en la idea del Karma.

Todo esto se puede confundir con la tan manida idea de la Ley de la Atracción que tanto éxito tiene, pero no es tan positiva 🙂

La idea es que nuestra vida es un jardín, y en él plantamos semillas, voluntarias o involuntarias, positivas o negativas.

Imaginemos que tenemos el fuerte deseo de ser ricos, ya tenemos la idea de planta que queremos en nuestro jardín y plantamos la semilla, pero para que crezca la planta se necesitan una condiciones precisas de agua, de sol…

La formación, la constancia y nuestras capacidades son el agua con la que podemos regar la semilla. Formándonos en determinado campo conseguimos algo sólido que trabajar, siendo constantes superamos los fracasos que sin duda aparecerán en nuestro camino, y teniendo en cuenta nuestras fortalezas y nuestras debilidades conseguiremos que el camino que tomemos no llegue a punto muerto.

Además, en esta ecuación hay que tener en cuenta el sol, que ya no depende de nosotros, con respecto al agua podemos agarrar una regadera y regar y mimar la tierra, pero el sol se escapa a nuestro control. En esta ecuación el sol es el entorno.

Muchas veces no se tiene en cuenta el entorno pero tiene también una importancia crucial, ya que si nuestro deseo es llegar a ser ricos y nacemos en una aldea pobre del Congo nos será más complicado que si nacemos en la moderna Europa. Parece una tontería pero esto se puede extrapolar a la familia, los recursos, y en definitiva a las situaciones de nuestra vida.

¿Qué diferencia a esta Visión Oriental de Destino moldeable del libre albedrío?

Dos puntos básicos, el primero es que si la semilla que plantamos reúne el deseo, nuestro movimiento y las condiciones, germinará, antes o después lo hará.

Y el segundo punto es que al plantar y cuidar una planta, pueden caer a la tierra del jardín esquejes de la misma y brotar de forma involuntaria, y ésto también formaría parte de nuestro Destino (buscado y perseguido).

Si nuestro deseo es ser ricos y durante el proceso germinamos un brote adicional basado en el egoísmo, en la avaricia, en la desconfianza… Esa planta resultará en problemas familiares, de pareja o amigos, en soledad, en apatía…

¿A que resulta lógica la idea del jardín y las semillas aunque la vistamos de mística? 🙂

Como podemos ver, esta idea de Destino no determinado sino basado en múltiples posibilidades basadas en las acciones pasadas y presentes, es compleja y rica en matices.

A nivel personal me encaja, me parece muy natural, además si nos fijamos en las personas que tenemos alrededor vemos que en muchas ocasiones se cumple a primera vista, ya lo dice el dicho popular: Recogemos lo que sembramos.

Yo no creo en un destino para los hombres independiente a cómo actúen; creo que les alcanzará el destino a menos que actúen.

Popularmente atribuida a Buda

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